Sitúense; Siete de
la mañana, salida vacacional para tres días, tres mujeres, un coche y varias maletas…
(Menos mal que hemos sido comedidas) han cabido todas las maletas encajadas
como un puzle… ¡cómo si las hubiésemos medido!
Primera parada a desayunar,
vemos al “cuerpo “de Policía… Una de ellas que flipa cuando ve un uniforme, y
se nos pone nerviosa…
Y le dices; - nena, no pienso cometer ningún
delito para que nos hagan caso-
Pobre mía… la
carita que se le queda mirándome como
diciendo; -¡serás bruja!-
Terminamos de
desayunar, y carretera… charla amigable, historias varias de cada una y risas.
De vez en cuando
la “cuarta acompañante” ósea la chica del navegador, me invitaba a despegar el
pie del acelerador indicando un radar… Hace su papel la chica, pero de vez en
cuando te da unos sustos de muerte…
Después, un rato
de radio o de música , cuando queremos darnos cuenta… en destino.
Cómo ya expliqué
antes, fuimos a mi rincón, pero ellas no lo conocían ni por foto… Cuando estás
llegando, la carretera serpentea con curvas sinuosas por acantilados que son de
una belleza espectacular. Sus caras al ver aquello eran como las de dos niñas
viendo por primera vez el mar. Me encantaba ver como disfrutaban de ese paisaje el cual llevo impreso en mi retina.
Me apetecía mucho
hacer de Cicerone con ellas, por eso disfruté mucho de los días que estuvimos
allí.
Llegamos al hotel,
hotel con encanto donde los haya. A la orilla del mar, habitaciones con vistas,
comida estupenda y trato insuperable.
Pero comienza el
primero de los problemas en aquel rincón… ¿Dónde aparco? Agosto, yo no había
ido en agosto jamás …
Eran así como las 11.00 , y ya estaba atestado de gente …
pero…¡ojo! , lo que había allí no es nada comparado con las playas de Levante…
allí no hay nadie, pero claro, si lo comparo con el mes de junio, a mi me
parecía aquello el Ikea en rebajas…
Consigo aparcar,
pero la habitación no estaba disponible todavía, la señorita de recepción nos
indica un baño para cambiarnos e irnos a la playa a tomar el sol mientras tanto.
¡Odisea!-¿Dónde
están los bikinis? y ¿las toallas? y ¿el
bronceador? y ¿El pareo?... Yo iba preparada, lo llevaba todo en una bolsa aparte,
pero ellas… cómo les dije que ajustasen todo lo que pudiesen (pobres) tuvieron
que deshacer maleta en medio de la calle…
¡Lo
conseguimos!... Ya en la playa, fantástico, genial… relax, piedritas, agua a la
temperatura exacta… ¿Qué más se puede pedir? Si, ya sé, compañía masculina…
pero el “mercao” está fatal chicas… así que, a ponerse morenas, y aguantar la
medusas, si , medusas , no ha habido en todo el verano hasta que llegamos
nosotras , vinieron a recibirnos… todo un detalle , no sé si del hotel o de la
naturaleza .
Logramos
acomodarnos en la habitación, bueno… había que ver como la dejamos antes de
bajar a comer. Vergüenza debería darme hasta decirlo… ¡pero qué narices!
¡Estábamos de vacaciones!
Ya comenzamos mal
con el “maître” , un poco borde si era , pero a borde no me gana nadie,borde
él … pues yo más . ¡No nos dejaba comer en la terraza!... Mal asunto, cuando me
vieron la cara de perro que le puse… ahí cambiaron las cosas, nos recompensaron
muy bien el resto de la estancia.
Por la noche, la mejor mesa, y así
sucesivamente el resto de los días. (Creo que me pasé) pero me da la sensación
de que si no protestas, no se consigue nada… cuando nos marchamos les dejamos
una nota de agradecimiento al personal que nos atendió.
Total, que así
pasamos los tres días, vuelta y vuelta al sol, baños de mar, confidencias, y
algún gin-tonic que otro en el lugar de moda.
Lo malo, pero
genial, fue el momento mariachi de la noche mientras cenábamos…tres mujeres solas,
cada una con su historia, y escuchando boleros y rancheras… nos entró la vena
melancólica y tuvimos que salir de allí como alma que lleva el diablo.
Las tardes la
dedicábamos al paseo por la playa,… y al deleite de ver los cuerpos de
escándalo, que les juro que no eran lugareños, porque he ido muchas veces y yo
eso no lo he visto nunca…
Esos nunca están
solos… o tienen las esposas puestas o son gays …
La mañana de
regreso, vimos amanecer desde el balcón, unas vistas que no tiene precio…
preparamos las maletas, y para casa… paraditas para ver los paisajes y de
compras en algún pueblito de camino.
Lo hemos pasado
bien, con algún sobresalto que otro, pero bien… necesitábamos relax y lo hemos
conseguido, y además un moreno envidiable.
Chicas… hasta la
próxima escapada. Espero que no sea muy tarde.




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