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lunes, 6 de enero de 2014

Aquellas cartas...

Hoy, día en que nos juntamos en casa todos para recibir los regalos de Reyes, tuve que ir al trastero para recoger algunos regalos que allí se guardan hasta el día esperado por todos .
Casualmente,encontré enseres míos cuando revisé aquellos estantes. Mis cosas de hace años, mis trastos como dice mi madre.
Cuando todo el mundo se fue, no pude remediar volver a aquel trastero que tanto miedo me dio antaño. Y allí estaba…

Hacía demasiado tiempo que no abría aquel paquete, estaba tan lleno de papeles que me daba miedo saber que había en su interior. Descansaba colocado en un pequeño estante del trastero de casa de mamá. Aquellos estantes estaban llenos de oxido  por el paso del tiempo y del olvido guardaban en su interior algunos tesoros de la infancia, además de tener cosas de la madurez las cuales no cabían en casa.

Cogí con mucho cuidado cuanto había guardado en él, y me senté en una silla ante una  mesa que estuvo de adorno en el comedor de la casa y ahora está polvorienta y arrinconada en una esquina.

Coloqué alineados los distintos objetos ante mí, y puse sobre la mesa los papeles, formando un pequeño montón de hojas repletas de escritos.

Cuando las imágenes que todo aquello se apoderaron de mi mente y mi añoranza se convirtieron en lágrimas, pensé en no abrir nada de todo aquello y tirarlo sin más. 
Pero… la curiosidad pudo más y  empecé a leer los textos. Comencé  a sentir un pálpito al recordar el inicio de la siguiente frase tras el final de la anterior. Y a conocer el significado de cada palabra contenida en ellas. Pues mías eran, mías fueron, y mías son por mucho que cambie, o por mucho que el tiempo pase.

Esas son mis cartas perdidas, cartas enviadas y cartas devueltas... cartas nunca recibidas.
Cartas leídas, cartas rechazadas, cartas ignoradas, cartas sin destino, cartas sin sentido.
Pero todas ellas, por alguna razón, escritas. Siempre por alguna razón... para alguien.

¿Han escrito alguna vez una carta intentado transmitir en ella aquello que no sabes expresar con la propia voz? Resulta, en muchas ocasiones, difícil. Incluso frustrante.

Pero a menudo, es todavía más difícil que una carta, una vez terminada, llegue a su destino.
Sobre todo, si ese destino no es una ciudad, un pueblo, una calle, una puerta, un número... sino un corazón.

Con el tiempo he aprendido que los corazones no tienen una dirección a la que enviar esas cartas, ni un buzón en el que recibirlas. Tampoco puedes echarlas por debajo de la puerta, pues este tipo de puertas cuando están cerradas jamás dejan un resquicio por el que permitir entrar, siquiera, un sentimiento. Mucho menos todos aquellos que están guardados en sobres sellados.
Y así, son muchas las cartas que se extravían.

Terminé pasada la mañana, con la última frase y la última despedida de la última carta, escrita en aquel entonces con un atisbo de ilusión.

Cogí el montón de papeles y fui a la parte trasera de la casa, donde una hoguera preparada para una barbacoa ardía alegremente. El cielo estaba azul, y un sol radiante lucia en el.

Una a una, fui doblando las hojas y convirtiéndolas en pelotas de papel como hacía de pequeña. Cuando terminé, comencé a lanzarlas contra la hoguera, una a una.

La mayoría caían de pleno en ella e inmediatamente ardían, convirtiendo en cenizas algo más que palabras, ignorantes de que una parte de ellas se había prendido e iban consumiéndose poco a poco, perdiendo letra a letra todo el sentido que un día pudieron tener. 

Y así, una a una han desapareciendo todas las cartas, las palabras que nunca supe pronunciar, las frases que nunca pude decir, aquello que tan sólo logré escribir.

Quedó al final de lo que fue el montón de papeles, una hoja en blanco amarillento por el tiempo pasado en el viejo paquete y sobre una mesa de madera de jardín entre el olor a humo, me dispuse a escribir. 

"He aquí una remitente sin sentido, he ahí un destinatario sin destino de… cartas perdidas"



jueves, 5 de diciembre de 2013

La suerte de tenerte

No recuerdo un solo año desde que viniste al mundo que no nos hayas dado algún susto.
Teníamos comida familiar y había que salir corriendo al hospital por una brecha en la frente.
O si jugabas en el campo, la piedra más pequeña o la esquina mas redonda te la comías tú.
Después te fuiste haciendo mayor, ya no jugabas corriendo tras los gatos, ni a los playmobil, pero te daba por investigar las maquinas de la fabrica de papá y lijarte (por ejemplo) una mano cómo menos.

En la adolescencia, tocaba sacarse el carnet de conducir, te duró el coche, si mal no recuerdo, una semana. 


Después, la moto… ¿Cuántas motos van? , no recuerdo, ¡pero me da igual!
Y  nunca fuiste el culpable de nada, tan solo eras como un imán que atraía los golpes que quizá debían llevarse los demás.

Si hay alguna alergia rara, esa es tuya. ¡Alergia al melocotón, toma ya! Ese es mi hermano…

Eres un enamorado de la vida y sabes que tienes un angelito de la guarda a tu lado, o, llámalo como quieras… Tienes mucha suerte, no pienses lo contrario, que no te de por decir que todo te pasa a ti. Sí,es verdad, te pasa… pero no se queda contigo, pasa de largo y  nos lo cuentas. 


¿Sabes?  Hay una canción que dice; que bonita la vida, que todo te lo da y después todo te lo quita. Un día te hace sentir culpable y después cambia de planes…
Tan bonita es, que a veces, se despista…

Estas en un momento de despiste, la suerte regatea contigo para meter el gol en puerta contaría. Pero no olvides que el partido tiene segunda parte, y si me apuras, prorroga y penaltis ¿Imaginas cuantas ocasiones de gol te quedan todavía?

Así pues, aprovecha el tiempo cariño, que este partido es tuyo porque te lo mereces, porque has jugado mejor que la parte contaría y de forma más  limpia.

Y el arbitro del partido está de tu parte (no olvides que le he sobornado).

Ánimo hermanito, eres grande, tienes fortaleza de espíritu, eres noble, eres padre, esposo, hijo, sobrino, tío y un gran hermano.
Tus cicatrices solo serán recuerdos para contar anecdotas a tus nietos.
Serás el abuelo perfecto, dentro de muuuuucho tiempo.... 

Sabes que puedes lograr todo lo que te propongas, tan solo traza un plan, olvídate  de las adversidades, y realízalo. No te quedes quieto, ni te quejes por tener mala suerte, no busques el consuelo, sino el animo.


Te espero para dar nuestro paseo y charlar... Tengo muchas cosas que contarte . 


Te quiero mi cielo …



domingo, 1 de diciembre de 2013

Diciembre

Diciembre, el último mes del año, mes de frías mañanas y noches inmensamente largas.
El mes de la Navidad…

¿Saben? No me gustan nada esas fechas, intento recordar que me ha ocurrido en ese tiempo en el cual, no soporto ni a Papá Noel, ni las cenas, ni las comidas de empresa, ni las reuniones familiares, ni nada de lo que habitualmente se hace por Navidad,y no logro saber que es lo que hace detestarla tanto. 
Parece como si ese espíritu que dicen, deba florecer por imperativo legal.

¿Por qué debo ser mas buena?¿Por qué debo cenar o comer con quien no quiero? ¿Por qué debo felicitar a quien no le doy  los buenos días desde hace tiempo? ¿Por qué hay que hacer el bien sólo esos días de adviento? …

Yo soy la misma todos los días, yo hago lo que debo hacer todo el año.

No voy a negar que me encantan los paisajes nevados de este tiempo invernal, aunque aquí nunca ha nevado. Me gusta el confort y el calor que da un fuego en el hogar, tumbarte en el sofá escuchando la lluvia como golpea contra el cristal, una mantita, un café a media tarde, una buena película, y poco más, así me gusta pasar los días fríos y lluviosos. En casa y en soledad… Una soledad escogida, si, aunque a veces echas de menos unas manos que te acaricien el pelo, y te abriguen el alma cuando el desconsuelo te visita en días como estos.

Recuerdo el año anterior con una infinita dulzura, creo que incluso disfruté de los días Navideños. Mi hija con sus ilusiones a cuestas, y yo con un amor inmenso por ella y por quien estaba a mi lado esos días.

Diciembre, cuantos recuerdos… además son fechas señaladas por varios motivos, motivos más que importantes para mí.
Pero llega la época en la cual todo el mudo debe ser feliz, simplemente… ¡porque sí ¡

Mis recuerdos de la infancia son maravillosos en esa época. Los regalos, la familia, el día que se ponía el árbol, el belén, todos formábamos fiesta el día que se adornaba la casa. Mi madre sacaba un poquito de turrón para ir haciendo boca, recuerdo que eso ocurría a partir del día 8 de diciembre más o menos…
Ahora en Noviembre ya es Navidad… ¡Por favor ¡

Cuando llega la Navidad de verdad, ya estás harta… 

Harta de ver películas sobre los milagros navideños, harta de turrón, harta de hacer compras, harta de la luces de colores en todos los escaparates, harta del frio, harta de la felicitaciones anticipadas, harta de escuchar villancicos allá donde de vayas... ¡Harta!
Diciembre para mí es otra cosa aparte de ser Navidad.

Es el último mes del año, es el mes de reflexión sobre todo lo que ha ocurrido durante ese tiempo, es cumplir un año más. 

Es cambiar un digito en la fecha del calendario, es ver  que has perdido cosas en el camino , y  otras también se han ganado. Hay que cerrar el año, cuadrar las cuentas y saber el saldo.

Diciembre ha comenzado hoy… seguro me depara cosas nuevas, inesperadas, agradables, o traicioneras. Nunca diciembre me dejó sin sorpresas.

Y no las encontraré debajo del árbol, no caerán por la chimenea, simplemente sucederán cuando menos lo esperas.  
Las mejores cosas , siempre suceden sin esperarlas. Sólo deséalas y ocurrirán como por arte de magia  
Este año el único adorno que pondré en casa por Navidad pase lo que pase, será una sonrisa.


domingo, 24 de noviembre de 2013

Un recuerdo feliz

Hoy,  es un día muy frio, de esos que se te congela el alma, pero en el calor de mi hogar, con mi hija, una vela que ilumina mi rincón favorito de estar, y las teclas del ordenador que suenan mientras pienso que contar y como transmitirlo…me hacen sentir la necesidad de escribir, necesito expresar los sentimientos, los recuerdos, porque dentro de mí se ahogan, se estrujan, se pelean, se destrozan y me matan…

Estos días así me traen recuerdos de otros tiempos.

Este fin de semana, lo he pasado con mi hija.La observaba en el concierto al cual la llevé, y me di cuenta de lo mucho que han cambiado las cosas. Ojalá yo hubiese podido estar con mis ídolos de adolescente como lo está ella, ojalá yo hubiese vivido esos momentos de emoción que ella está viviendo.


Sin embargo a pesar de “envidarla” de vez en cuando, he de decir que lamento que ella no haya podido vivir la infancia y adolescencia  que yo tuve.

Ella tiene más “cosas” que yo, pero tiene menos afectos de los que yo tuve. Yo tuve hermanos, y padres, que todavía conservo. Ella solo tiene una madre que hace de padre y, mi familia, que la adora. Pero no es lo mismo…

Y, sí, he intentado suplir las carencias que tiene de todos los modos posibles, pero un día, cuando se disponga a recordar, tendrá huecos que rellenar. Esa es mi pena…
Es una niña feliz, no me cabe duda, pero…

Hoy recuerdo mi tiempo,tiempos felices, de aquellos que no se arrinconan en un desván, recuerdos de esos con lo que vives y sonríes al recordarlos.
Como aquellos días infantiles, en lo que tramas cualquier venganza contra unos hermanos que han desvelado tu secreto (secreto a voces) pero al fin y al cabo era secreto hasta que nadie lo supo.

Días en los que no se podía salir porque caía el agua a cantaros y las amigas nos reuníamos en mi casa , en mi cuarto … siempre era en casa , ¿Por qué?, fácil…mi madre siempre respetó mi zona “privada”, a mis amigas se las trató como si fueran familia …nos hacía chocolate por las tardes , y nos dejaba estar a nuestro aire … “Aire” , ¡madre mía ¡ ¿recuerdan aquella canción de Pedro Marín?- “Tu me escondes entre tus libros, pero yo me agarro a tu pelo. Voy trepando por tu chaqueta a tu techo desde tu suelo. Aire soy como el aire pegado a ti siguiéndote al andar”-

Y eso sonaba en mi cuarto una y otra vez, ¡Que cosa más mala!, no me explico todavía como nos gustaban esas canciones tan macarras y a la vez y tan ñoñas.Pero es qué… ¡teníamos 15 años! Y los 15 de hoy no eran los 15 de antes.

Hoy a los 15… (Mejor no digo nada)

Lo cierto es que tuve una infancia y una adolescencia bastante feliz, mis recuerdos no son malos, los recuerdo con cariño y siempre asoma una sonrisa a mis labios.
Ahora de vez en cuando, a pesar de cada una de nosotras tiene su vida y va una por un lado y otras por otros, nos reunimos de vez en cuando y lo que no recuerda una lo recuerda la otra. Soy una mujer afortunada porque todavía veo a mis amigas de antaño de vez en cuando.

Hoy el día me ha traído esos recuerdos… los recuerdos felices. No me entristece, pero echo menos ser como era en aquel tiempo, y no por los años, sino por el entusiasmo que ponía en todas las cosas.

Espero que la ilusión y ese entusiasmo, regresen pronto a casa… aunque sea por Navidad.





miércoles, 20 de noviembre de 2013

Él fue y él es...

Nunca me dio todo lo que pedí, solo me daba lo que realmente podía tomar. Nunca me gritó, porque sabia que si lo hacia yo gritaba más, porque el respeto empezaba por las palabras dichas a tiempo con la calma que le caracteriza, yo le respetaba más cuando no lo hacia.

Nunca me dio órdenes, tan solo me pedía las cosas, porque sabía que así las haría más rápido y con más gusto.
Siempre cumplió sus promesas, buenas o malas, si prometía un premio me lo daba, y si era un castigo lo cumplía.
Nunca me comparaba con nadie, mucho menos con mis hermanos, sabia que si me hacia lucir mejor ante los demás, alguien sufriría, y si me hacia lucir peor,sería yo quien sufriese.

Ante una decisión sobre lo que yo tenia que hacer, no solía cambiar de opinión, era mejor mantenerla que cambiarla para no confundirme.
Siempre me dejó valerme por mi misma. Porque si él hacia todo por mi yo nunca aprendería.

Nunca mintió delante de mi , ni me pidió que dijera nada por él , aunque fuera para sacarle de un apuro , así sabia que lo único que conseguiría era hacerme sentirme mal y perder la fe en lo que él hacia o decía..

Cuando yo hacia algo malo, no me exigía que le dijese por qué, él sabía que ni yo misma lo sabía. Tan solo intentaba comprender…

Cuando estuve equivocada en algo, me enseño a admitirlo y reconocerlo, así creció más si cabe mi admiración por él.
Nunca me pidió nada que no pudiese hacer él, yo aprendía de lo que hacia mucho más que de lo que decía, aunque lo que dijo siempre tuvo relevancia.

Me enseñó a amar, a querer, a comprender, me enseño todo aquello que el colegio no me enseñaban.

Y cuando le conté un problema, jamás me dijo que no tenía tiempo para boberías, o que eso no tenia importancia, siempre trató de comprenderme y ayudarme.

Y así durante el transcurso de mi vida él ha ido formando parte de mi carácter,  le debo la calma, la serenidad y la sobriedad en cada momento de mi vida.

Todo esto lo sé hoy, ayer tan solo era mi padre… Hoy es mi referencia y el hombre más importante de mi vida...

  


viernes, 18 de octubre de 2013

Recuerdos

A veces cuesta discernir entre lo cierto y lo falso , entre la noche o el día , entre fuera o dentro.
A veces es difícil recordar una infancia, o un lugar, o un momento…cada vez me cuesta más hacer memoria de mi niñez...

De mi infancia recuerdo como disfrutaba del paso de las estaciones... era algo mágico y especial, que sugería que hasta lo previsible puede ser sorprendente.

El otoño marcaba el principio del año, con el comienzo de las clases, todo era nuevo y excitante. El barrio se llenaba de hojas secas y el devenir crujiente de mis pasos de niña, no pasaban aún de los zapatos del número 32.
Más tarde llegaba el sol brillante de invierno y el viento helado rozando la piel de nuestras caras cuando volvíamos de la escuela. Ya cruzaba sola calle, como gesto absoluto de independencia y autonomía. Vivía a 200 metros del colegio, pero era toda una proeza y un reto ir y venir sola .

Pero también, mi infancia era el día de la primavera, el pic-nic escolar, el tapper que preparaba mamá y que siempre era más tentador que el ajeno. Si por un minuto pudiera volver a subir mi bicicleta verde... a mis precarios patines... a los trazos torcidos de la rayuela en la vereda donde nos escondíamos para contarnos secretos que después eran bandos de pueblo.... Porque con la primavera, los días se volvían más largos, y todo era invadido por el olor al pasto recién cortado, o a la deliciosa tierra mojada tras la tormenta.

Y luego, el infinito verano, con su soledad de chicharras insolentes, ecos de las desveladas y eternas siestas que definían una agonía calurosa sobre las apergaminadas hojas de la biblioteca de los padres de mis amigas.
Y así poco a poco se fue creando mi infancia, con amigas que todavía están en mi vida, y otras, que por causas que nunca adivinas se marcharon para no volver jamás.

Así crecí, sola entre amigas, pero llena de vida. Me faltaron hermanas, hermanas con quien compartir travesuras de niñas. 

En casa solo había dos chicos, dos niños traviesos que hacían de mi vida un imposible… marcaron su territorio e invadían el mío. Era una guerra… 



Hoy, con el tiempo a mi favor, descubro gratamente que dos hermanos son dos escoltas… nunca me faltó protección fuera de casa… dentro era otra cosa.

Recuerdo el amor y el cariño que ha habido y hay en casa… recuerdo a mis padres planear las vacaciones con tres niños a cuestas sin importarles donde íbamos a meter las maletas.
La infancia  es un lugar común, todos hemos sido niños alguna vez. Y sin lugar a dudas, las esquinas de nuestra memoria, reflejan las tenues luces del brillo de la infancia.


Descubrir el mundo, interpretarlo con nuestras primeras teorías, comprender la exquisita trama de las relaciones humanas, las trampas del lenguaje, las desilusiones y las sorpresas, las máscaras de la cultura y sus disfraces... sin duda, se trata de delicadas y sutiles huellas que pueden incluso tener la asombrosa capacidad de influir sobre nuestro presente... 

Ese pasado pueden continuar vigente, en cada uno de nosotros, aunque revisado y hasta embellecido por el paso del tiempo y de las aventuras de la vida.

Pero llega la madurez… y las cosas se pintan de otro color. Pero como dice Nietzsche…

La madurez del hombre es haber vuelto a encontrar la seriedad con qué jugaba cuando era niño… 





jueves, 17 de octubre de 2013

La promesa

Hoy  ha amanecido un día algo más fresco de lo habitual, y con un cielo preñado de nubes, de esas tan grandes y voluminosas ,que parece que no se sostendrán en el cielo, y que de un  momento a otro van a estallar viniéndose abajo...Pero sucede todo lo contrario, van creciendo y creciendo hacia arriba, con una fuerza arrolladora, mientras el sol o la luz de la mañana, las va haciendo parecer algodón rosa de feria,  mientras, van subiendo cada vez más arriba, cada vez más alto...y se van haciendo más y más grandes .

Me recuerdan cuando de niña cogía jabón  y lo depositaba en un vaso con agua y con una pajita soplaba, no para hacer pompas de jabón, sino para ver como crecían las burbujas del mismo hasta que se derramaban fuera del vaso y caían al suelo una vez dejaban mi mano resbalando por ella. Claro que aquellas eran trasparentes y las de hoy eran muy blancas, compactas....
Cuando estudiaba a esas nubes la profesora de naturales las llamaba "cúmulos"... 

La mañana estaba así, pero no amenazaba lluvia...Así que he decidido subir al cementerio a medio día para cumplir una promesa que le hice a mi abuela.  
Se acerca el 1 de noviembre, no estaré aquí, además no suelo, mejor dicho, nunca piso un cementerio. Entrar allí me produce una inmensa tristeza y la congoja no tiene consuelo,no por los que  allí están, sino por algo sobre natural que no puedo explicar. No creo en la vida eterna, no creo que haya nada más después de la muerte, por eso sé que en un cementerio no hay nada. Las personas que se nos van están vivas en nuestro recuerdo, no es necesario ir allí apara recordarlas. Por eso yo quiero que me incineren...

Ver algunas tumbas abandonadas,  me hace sentir verdadera tristeza, por el abandono y por el pronto olvido, tumbas con las flores secas inexistentes... y con las letras que apenas se  pueden leer. 
Tenía que cumplir la promesa, mi abuela siempre me pedía que la llevase al cementerio a ver a mi abuelo, por mucho que yo le decía que allí no estaba mi abuelo, ella no entendía un día sin ir a verlo.  

Un día me hizo prometer que una vez al año subiría a arreglar la tumba cuando ella ya no pudiese subir, no por ella... ¡por mi abuelo! Y sé, que no lo decía por decir, lo decía por el amor tan grande que siempre le tuvo...y porque mi abuela era así, de las que se ponen tristes por cosas, que a los demás, quizá se nos pasa por alto, a ella le producía una tristeza que aunque disimulada yo sabía que existía y que la hacía sufrir. 

Yo le dije;  
-Abuelita, pídeme lo que quieras menos ir al cementerio, por favor -  
-Vale, pero prométeme que cuando yo no esté en este mundo, un día, solo un día, irás a verme a mí y al abuelo- 
-Te lo prometo, pero solo un día- 

Hoy ha sido ese día...no había  gente en el cementerio, es un cementerio nuevo que está en las afueras cerca de las montañas.  
Entré con un pánico desconocido en mí, pero entré. Están relativamente cerca a la entrada y no tuve que recorrer demasiado tramo.

Los pocos árboles que hay allí comienzan ya a perder la hoja,  contrastando con el verde intenso, de los cipreses de la entrada... 
Al llegar al lugar donde están mis abuelos, había una madre y una hija arreglando también la tumba de su marido y padre... pues me lo han dicho.
Y una tristeza suave se ha instalado por unos momentos en mi alma.

Las he saludado, y me he puesto a la tarea de limpiar y arreglar aquello de la mejor manera posible, pensando en como les gustaría a ellos. 
Mientras lo hacía el cielo se cubría y se descubría de las grandes nubes, que han estado toda la mañana sobre la ciudad, dejando a intervalos pasar el sol entre ellas. Pero hacía el mediodía ha salido un sol radiante y las nubes se han ido marchando. 
Desde allí solo se ven montañas...no hay  mar. 

Mientras me dirigía hacia la salida, rodeada de tumbas y nichos y viendo las montañas....He compensado toda tristeza con mis pensamientos que han volado hacia los años más felices de mi vida, la época de mi infancia con mis abuelos....Y aunque venía de arreglar su tumba...los he recordado riendo felices.

He mirado al cielo y he visto las magnificas nubes que iban desapareciendo, iguales  a las que algunos días se forman en mi rincón.  Y por un momento he creído que estaba allí. 
Lo más importante de hoy ha sido sentir que ellos siguen muy cerca de mí...y que hemos compartido muchas cosas a lo largo de la vida…

En aquellos años y veranos en los que pasaban el día en casa disfrutando de nietos y bisnietos...no tengo ningún derecho a sentir tristeza, en todo caso a recordarlos con una infinita y profunda alegría…

Que bonita la vida,vida que arranca, cobarde,que lucha, que sueña y que perederás.
Vida que vuelve a dar, vida que sola estás. Vida repleta de gente que nace,que vive, que viene y que va ...

Promesa cumplida... 




lunes, 9 de septiembre de 2013

Los recuerdos en otoño

Empieza a acortarse la luz del día, comienzan las noches frescas, comenzamos a ser conscientes del que otoño acecha, el verano se va y en el otoño se encuentran atrapados  los recuerdos del verano.

Intentan poseer los últimos atardeceres plenos de luz y los momentos que pasamos. Si nos parásemos a mirar los recuerdos, veríamos que se asemejan a las hojas que yacen en el suelo y que desprenden reflejos dorados cuando la última luz de la tarde trata de iluminarlas. No nos damos cuenta, pero sus destellos están llenos de melancolía.

En otoño buscamos certezas en las que ampararnos, y así, sentirnos seguros ante la próxima ausencia de vida. Lo malo de encontrarlas es que hay que seguir buscando. Ellos lo saben muy bien, y por eso anidan en nuestra mente y se nos acercan al corazón  aun cuando sabemos que ya no nos pertenecen. Vienen, se detienen y se van, dejándonos huérfanos de pasión.

Los recuerdos en otoño engendran encuentros huidizos y contactos aletargados. Dentro de ellos, nuestros deseos apenas se entrecruzan y huyen en busca de algo más verdadero y consistente. Sin embargo, no caen en el desaliento y siguen buscándonos. Se empeñan en apoderarse de nuestro momento más íntimo, se acunan para que no sentirse solos  y perdidos …son tan generosos que se  nutren de esperanza.
Los recuerdos en otoño expresan deseos que se tal vez se hagan realidad. Aletean sobre nuestras vidas de una forma caprichosa, son como una espiral en el camino que siempre terminan en un invierno frío, autoritario y desolador.

Mi otoño comienza hoy…se me caen las hojas doradas de sol, y mojadas de lagrimas, mis recuerdos ya se apagan como el ocaso del sol…Se me fue mi verano, y con él la luz de mis ojos...


  Pandemia. Hoy he recordado que tenía un blog ¡Vaya! Con las satisfacciones que me dio en su tiempo y he llegado a olvidarlo algunas veces....