sábado, 1 de febrero de 2014

Intensidad...

La historia comienza cuando me  se asomo a la ventana y a través de los cristales le veo…
Una escena en la que disfruto viendo como la luna llena juega a ser mayor, y lejos de cualquier muestra de debilidad, de miedo o  fracaso, esa luna se muestra prepotente y altiva.

En ese momento, el sonido del viento me descubre en la frescura de  unos minutos de pensamientos temerarios y llenos de intensidad. A veces, creo estar enamorada de la luna, él es cómo ella.
Las relaciones amorosas a veces no acaban bien. Unas veces sin quererlo y otras... sin ni siquiera saberlo.
Le  miro desde la distancia ansiando tenerlo en mis brazos de la forma más íntima.
Mientras tanto, él, sigue jugando a ser libre y vuela de un lado a otro, cruzando océanos, ahora, más libre que nunca y sin nada que le recuerde lo que alguna vez  dejó atrás.

Y cómo no podía ser de otra manera,los astros han jugado a su favor. Esta vez fue el sol, que durante un largo día y a cara descubierta paseamos por el horizonte sin cansarnos .Yo, sentada, solo le miro, esperando un momento, su momento…Y como el destino es caprichoso… nos  vuelve a unir.

Esta vez…él, si me ve a mí.Se clavan dos miradas y los verdes ojos  se despiden. 
Se hizo de noche.Pero...ya no me tiro al vacío de la duda, solo corro detrás del riesgo, sin saber bien dónde parar,porque no quiero detenerme a pensar, solo quiero seguir corriendo sin dejar de sentir, sin dejar de vibrar…
Me engancho a la luna llena a la velocidad, a la música cuándo golpea mis oídos…. a su mirada impaciente, a ese cosquilleo que siento cuándo algo nuevo se me aparece, cuándo me desafía lo desconocido…¡como me gustan los retos! y mientras tanto sigo bailando al son de mis ganas por descubrir por inventar. 

Y ahí está él, susurrándome lo que yo verdaderamente soy, bailando conmigo entre pasos nuevos cada día. La música golpea mi  corazón y siento mi cuerpo.
Conduzco sin mirar atrás...Es justo en ese momento en el que la velocidad y yo nos hacemos cómplices, y me siento libre. Ahora no pienso, dejo de pensar para solo hacer. Mi instinto nace para apenas ser callado, el sabe que es más grande que yo, y me domina. Yo me dejo…

Sin hablarnos caminamos juntos, corremos….no me mira ni yo a él,a veces nos encontramos, lo sabemos, pero lejos de huir de él, ahora me abandono en sus brazos.
Cuando la fuerza y el abismo se juntan, nace mi yo más íntimo, mi obligación por no dejar de sentir esta vida ni un solo minuto. Momentos que vivo intensamente como si fueran los últimos, esa es mi doctrina, mi filosofía. Le  quiero, y esta vez sin miedo..
No le voy a soltar la mano…100, 120 km…¡me encanta!¿Más rápido?…solo su mirada es capaz de que me olvide de la velocidad, una mirada que ya casi no recordaba.

Nunca le mentiría, y si ahora le dijera que no tengo miedo estaría vendiendo mis palabras, pero el miedo nunca me paralizó, siempre después de un muro, salté otro más alto, nunca hubo altura sufriente…así que… no temas, porque seguiré escalando hasta llegar hasta lo más intimo de ti, y ese será el regalo más maravilloso que me harás en la vida .

Ya no me pregunto nada…De entre el cómo, el dónde y el cuándo, siempre predominó el cuándo.
Ni un qué, ni un por qué. Mucho menos un para qué… Poco importan.

De nada sirve el lugar, ni las formas, si no existe el momento.



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